sábado, 17 de noviembre de 2007

Pablo Epifanio

Subíamos un pequeño cerro salpicado de casas viejas, tiradas al costado de una cinta de adoquines que terminaban en una suerte de plazoleta, en la cima.

Subíamos...mi hija Shanti y yo.

Al llegar a la plazoleta contenida por grandes canteros de ladrillo blanco, teníamos una vista del valle verde que desncasaba bajo el sol.

De pronto, comienzan a llegar enormes muñecos de plástico, con poca expresión en sus rotros y bastante torpes de movimiento. Eran representaciones de mascotas que vienen dentro de los paquetes de una linea de golosinas. Todos pájaros de grandes picos y cuerpo robusto.

Mientras los muñecos continuaban subiendo hacia la plaza desde el verde del valle, Shanti me señalaba cuál de ellos formaba parte de su colección y cuál todavía le faltaba.

Al pasar cerca nuestro arrojaron montañas de golosinas de colores brillantes y perfumes divertidos. Con Shanti comenzamos a comer con alegría el banquete. Las más ricas eran las orugas de gelatina: un sabor indescriptible!!!!.

Repentinamente apareció mi hermana Romina. Me explicaba que su ciudad de habia infestado de "esos bichos" y con sus amigas tuvieron que salir a fumigar calle por calle.

Bajamos la callecita y comenzó a llover. Me encontré solo en la esquina de mi trabajo. Cruzando la calle hacia mí y con capucha en la cabeza, me saluda Pablo Epifanio, un gran ex-compañero de la Facultad. Le sonrío y lo invito a conversar. Me dice que está apurado. Es una lástima praa mí: tenía ganas de charlar con él.

1 comentario:

Anónimo dijo...

soy de soñar con caramelos...no sé que significará para mí.

Shadow