Subíamos un pequeño cerro salpicado de casas viejas, tiradas al costado de una cinta de adoquines que terminaban en una suerte de plazoleta, en la cima.
Subíamos...mi hija Shanti y yo.
Al llegar a la plazoleta contenida por grandes canteros de ladrillo blanco, teníamos una vista del valle verde que desncasaba bajo el sol.
De pronto, comienzan a llegar enormes muñecos de plástico, con poca expresión en sus rotros y bastante torpes de movimiento. Eran representaciones de mascotas que vienen dentro de los paquetes de una linea de golosinas. Todos pájaros de grandes picos y cuerpo robusto.
Mientras los muñecos continuaban subiendo hacia la plaza desde el verde del valle, Shanti me señalaba cuál de ellos formaba parte de su colección y cuál todavía le faltaba.
Al pasar cerca nuestro arrojaron montañas de golosinas de colores brillantes y perfumes divertidos. Con Shanti comenzamos a comer con alegría el banquete. Las más ricas eran las orugas de gelatina: un sabor indescriptible!!!!.
Repentinamente apareció mi hermana Romina. Me explicaba que su ciudad de habia infestado de "esos bichos" y con sus amigas tuvieron que salir a fumigar calle por calle.
Bajamos la callecita y comenzó a llover. Me encontré solo en la esquina de mi trabajo. Cruzando la calle hacia mí y con capucha en la cabeza, me saluda Pablo Epifanio, un gran ex-compañero de la Facultad. Le sonrío y lo invito a conversar. Me dice que está apurado. Es una lástima praa mí: tenía ganas de charlar con él.
sábado, 17 de noviembre de 2007
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1 comentario:
soy de soñar con caramelos...no sé que significará para mí.
Shadow
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